fbpx

El Idioma del Sonido

(Este artículo forma parte del diario de la obra en proceso “Entre Marte y Júpiter)

“El habla humana es como una tetera rota en la que tocamos ritmos toscos para que los osos bailen, mientras anhelamos hacer música que derrita las estrellas”.

Gustave Flaubert, Madame Bovary

Soy una persona de palabras toscas que se ahoga en errores de ortografía, esta última cualidad es hereditaria. Cada vez que tengo que escribir, dudo si lo que estoy escribiendo es realmente lo que quiero expresar, cuando hablo elijo las palabras por sus sonidos, lo que me trae inmensos problemas a la hora de expresarme. Suelo acentuar donde no debo, ejercer presión en los momentos más inadecuados.

El manejo del idioma nunca fue mi fuerte. Incluso para expresar el amor, siempre he sido más bien torpe en la búsqueda de las palabras, suelo dejarlas al azar del momento y siempre suelen caer las mismas de mi boca. Cuando en realidad, lo que busco decir otra cosa que no sé expresar con palabras.

Me manejo mejor con el idioma porque en realidad el idioma se compone de sonidos que dan significado. No importa si uno no sabe un idioma, está en quien lo habla el peso del significado y en quien lo escucha, el peso del entendimiento.

Cuando uno no conoce del todo el idioma es más sencillo buscar un contexto y no quedarse solo en las palabras. En ese momento las palabras pierden peso y se transforman en pájaros que susurran. Quizás hayas escuchado una bandada de loros gritando al unísono, reprochándose al vuelo. Los pájaros suelen manejar el idioma de una forma distinta.

Para esta obra, “Entre Marte y Júpiter”, busqué un equilibrio entre el peso de las palabras y del idioma. Con la ayuda de la traductora e intérprete Martina Greiner, la entrevista con Esmeralda Mallada fue tomando forma en dos voces.

La voz de Esmeralda nos lleva por un camino, se siente como ir de la mano con los ojos cerrados. Sin embargo hay frases, explicaciones, palabras que eran necesarias de ser traducidas a otro idioma, al alemán. Pedacitos de historia que no podían dejarse al azar.

Martina por otra parte hace una interpretación hermosa que nos ayuda a encontrar un ritmo en la historia.

No es fácil colocar dos idiomas en una obra, colocar una inmensidad de palabras sin que se choquen unas con otras. Siempre hay un idioma que quiere liderar, que se hace más denso, más presente. Lograr un equilibrio es fundamental. A veces lo encuentro, a veces no.

En todo momento trato de guiarme por el sonido más que por el significado, el sonido a veces dice más, es un idioma por sí solo, el ritmo nos conecta de otra forma.

Sin embargo a veces me pierdo y en esos momentos aparece el juego con quien escucha, la idea de no poder escuchar, de no poder entender lo que el otro está diciendo. Esta idea nos aterra, nos coloca en un lugar vacío. La incomunicación, la no comunicación. El silencio.

Le temo al silencio y a la vez lo amo. La sensación del silencio es similar a la sensación de beber algo agrio, es como tomar una cucharada de vinagre. La garganta se cierra a la vez que el corazón se estruja, es placentero pero puede ser desagradable. Las palabras suplen el silencio y al tiempo que le dan un significado, lo hacen posible.

Mi torpeza en la comunicación es lo que me hace tratar de jugar con los idiomas, una búsqueda de lograr comunicarme con palabras, de dejar de temerle al silencio.

El silencio me aterra, como la oscuridad. Produce un vacío, es como caminar en la niebla. A la vez es hermoso, es como un diamante que no deja de ser una roca que brilla, como el fuego que nos atrapa. Es de esas cosas que nos rodean, con las que convivimos y que muchas veces no sabemos manejar.

Sumergirse en el silencio, en el inentendimiento, en la no comunicación.

Uno no puede saber cómo está el universo ahora dice Esmeralda en la entrevista, puedo estudiar una nebulosa que está a 20.000 años luz y yo puedo estudiarla como fue hace 20.000 años, si pasó algo después de que salió la luz para acá yo no me voy a enterar hasta que no hayan pasado otros 20.000 años.

Esa frase encierra todos los silencios, los idiomas y las palabras del mundo. Todo lo que sabemos de él y lo que no sabemos, lo que somos, lo que pensamos ser. Nos enfrenta con lo minúsculo, con el miedo de estar solos.

Porque las palabras en definitiva están hechas para comunicarnos, para saber que hay otro, que podemos extender la mano en la niebla y tocarlo. El sonido juega el mismo efecto: la otredad.
Después, comunicarnos es otra cosa, algo más terrenal que se mezcla con la inmensidad del universo.

Leave a Reply