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Detrás de Katherine Mansfield/TB

Mansfield, desaparecida prematuramente a los treinta y cuatro años dejó entre sus papeles un diario.

Hace algunos años tuve la oportunidad de participar en el Día Mundial de la Tuberculosis que es el 24 de Marzo. Desde la Stazione di Topolò de Italia me pidieron que realizara una pieza de radio experimental relacionada con el tema.

Es un tema árido. Yo desconocía muchos aspectos sobre la tuberculosis y honestamente no creo tener las suficientes credenciales como para hablar del tema. Pero la conocía a Katherine, sabía que había dejado este mundo a causa de esa enfermedad. Alguna vez, en alguna parte había leído una carta de Virginia Woolf que la nombraba, pero no sabía mucho más que eso.

(Nota aparte: El mundo literario durante años las creyó enemigas, pero en realidad, eran grandes confidentes, muchos años después de sus muertes se encontraron cartas donde se dejaba entrever su gran amistad. Tal es así que la edición del «Diario de Katherine Mansfield» que poseo tiene un introducción firmada por Virginia Woolf).

Me dispuse a leer varios textos de Katherine, busqué más información y me topé con su diario en inglés. Por una semana el diario me dejó muda y repleta de sonidos escritos. Busqué el diario en librerías, en páginas web, quería el diario físico. Lo rastreé, lo mandé a buscar en este lado (México) y del otro lado del mundo (Argentina).

Todos conocían el nombre, lo habían tenido, pero nadie lo tenía. Me resigne a quedarme con los sonidos, con la fisicalidad de lo digital. Me acostumbré y desde allí lo viví.

«Mansfield, desaparecida prematuramente a los treinta y cuatro años dejó entre sus papeles un diario, publicado cuatro años después de su muerte por su marido John Middleton Murry, que con el tiempo se ha convertido quizás en lo más representativo de su obra y sin duda de su incomparable mundo interior.”

Es lo que sentencian las líneas de la contratapa.
Miro las fotos en blanco y negro.
Narrativa de colores de los libros de bolsillo.
Pienso:
¡34 años!
Mi edad ahora en este instante.
Sus ojos negros me miran fijo.

Lo que me enamoró perdidamente de su diario fue su tendencia a contar los sonidos de los lugares. Sonidos que uno se los imagina, siente y que están presentes en cada línea.

“La luna está encima de la montaña detrás del pueblo. Los perros saben que está ahí, empiezan a aullar y a ladrar. Los pescadores se llaman unos a otros, gritan y silban mientras entran en sus barcas; unos chicos cerca de la playa cantan con voces agrias de adolescentes, y se oye a unos niños que lloran porque se los llevan a acostar, niños pequeños con mejillas doradas y pies cubiertos de arena.”

Inmediatamente después de leer algunas páginas decidí realizar la pieza basada en textos de este diario y sus otras obras, pequeños cuentos que aparecen mencionados en el diario. Mi voz en español relata el diario, mientras que otras voces evocan los textos/cuentos.

Años después de haber realizado la obra, mirando distraída en una tienda de objetos usados en un pequeño pueblo perdido de México, entre uniformes desgastados de colegialas y vestidos verdes fluorescentes de bautismo. Ella estaba ahí, entre un libro de matemáticas y una clase de costura.

Ahí como perdida en el limbo, estiré la mano tanteando el vacío desinteresadamente y ella se aferró a mí saliendo de la oscuridad. Finalmente el diario de Katherine me encontró a mí.

¿Y éste a cuánto me lo deja? ¿15 pesos también? con este otro hacemos un total de treinta.

Miré la cara de la chica aburrida sentada en una desvencijada silla queriéndose ir a cualquier lado, despegando entre suspiros de aquella venta de garaje.

Sí, ese también a 15. ─ dijo.

Lo agarré entre mis manos, lo estrujé. Hubiese pagado 50, 100, 1.000 aunque sólo llevaba 15 pesos.

Miré los ojos de la chica que me miraba fijo. ¿Qué había encontrado que era tan preciado? vi que se estaba arrepintiendo de decir 15, pero las monedas ya estaban en sus manos y yo en medio de la calle.

Leí nuevamente la portada “Diario Katherine Mansfield” 2° edición.

Esperó dos años para encontrarme una tarde cualquiera en un pueblo perdido, un día patrio, en una casa semi abandonada. Tardó dos años porque es lo mínimo que se hace entre Inglaterra y México desde 1910 al 2016.

Años más tarde ese mismo diario quizo partir con una gran persona que estaba pasando por una enfermedad muy parecida a la de Katherine, ese diario le ayudó a escribir sus propia líneas de lo que estaba viviendo.

Algún día nos encontraremos nuevamente con Katherine, quizás en otra tienda de usados. Por el momento me quedan su propia voz en mi recuerdo.

«¡Arriesga cualquier cosa! 
No te preocupes más por la opinión de los demás…
Haz lo más difícil por ti. 
Actúa por ti mismo. 
Enfrenta la verdad.»

14 de octubre de 1922, Katherine Mansfield. Diario de Katherine Mansfield

Autor: Sol Rezza
Editor | Corrector: Franco Falistoco
@ 2020

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