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¿Cómo Suena un Asteroide?

(Este post forma parte del diario de la obra en proceso “Entre Marte y Júpiter)

Esta pregunta me mantuvo en vilo varias noches, desarrollar el diseño de sonido por primera vez de un objeto celeste de estas características fue todo un desafío.

En primer lugar, el diseño de un sonido no sólo depende del objeto a representar sino de la situación, el contexto al que pertenece.

Por ejemplo el diseño de sonido de un auto de carreras será muy diferente al de uno común. La velocidad que alcanza un vehículo de estas características, es un punto fundamental y para alcanzar esa velocidad necesita de un espacio adecuado. Un coche de carreras dentro de un paisaje sonoro de una ciudad cualquiera, con calles pequeñas y semáforos, sonará como un auto rumiante que no puede alcanzar su máxima velocidad. Quizás podríamos distinguir que es un auto de carreras por su impaciencia en ese contexto pero no podremos escucharlo realmente “correr”.

¿Y un asteroide? Si se encuentra traspasando la atmósfera perderá gran parte de su masa, si ya tocó tierra se transformará en una simple roca pero en el espacio donde no hay sonido ¿Cómo suena una roca gigante dando vueltas a gran velocidad?

Creo que ahí se encuentra la clave del asunto, las vueltas y las velocidades. Un objeto que se mueve cobra vida ante nuestros oídos, los diseñadores de sonido solemos representar ese movimiento, ese cambio de estado. Porque las cosas suenan cuando cambian de estado ya que el movimiento produce sonido, mueve las moléculas en el aire y nosotros nos concentramos en traducir ese movimiento en sonidos reales o imaginados para darles vida.

Y aquí es cuando regreso a mi eterno tema: El espacio. La relación entre el sonido y los espacios.

Los objetos se mueven en un espacio determinado, quizás lo que conocemos es el espacio y no el objeto. Al escuchar cómo se mueve ese objeto en ese espacio en particular podemos determinar las dimensiones del objeto, su forma, el material con el que está hecho, su trayectoria en el espacio.

Entonces, podemos decir que cuando estamos creando un sonido no sólo lo hacemos de un objeto, sino también del espacio con el cual el objeto interactúa.

Y aquí está la complejidad de crear sonidos en espacios que no conocemos, en espacios imaginados. Como por ejemplo, un asteroide orbitando alrededor del Sol.

Un espacio completamente desconocido por mi, salvo a través de otros diseñadores de sonido que se han imaginado ese lugar, ese fenómeno sonoro. Referencias creativas que van minando nuestra imaginación y que de alguna forma se imprimen en nuestro subconsciente.

Después de mucho meditar llegué a la conclusión de que no debía recrear el sonido de un asteroide (algo imposible) sino recrear la sensación que me produce imaginarme ese enorme objeto dando vueltas ahora mismo en el espacio mientras nosotros no nos damos por enterados.

Ahí es cuando la inmensidad de ciertas cosas viene a mi cabeza, la sensación de dar vueltas alrededor de algo, el movimiento que produce una hormiga, un asteroide, un anciano cuando camina, un auto de carreras, la leche cuando hierve, las burbujas del agua gasificada que en este momento me acompaña en la mesa del café en el que escribo estas palabras.

Así comenzó el proceso de creación de éste sonido, que acompañado de la voz de Esmeralda Mallada, producen el movimiento necesario para que el oyente sin necesidad de entender absolutamente cada sonido, cada palabra, se sienta inmerso en el espacio de un asteroide, de esa masa que en este momento se mueve al igual que nosotros, que es parte de nuestra vida, del movimiento del cosmos, de lo que somos.

Porque si hay algo que somos, es movimiento, constante movimiento.

*Este post pertenece al procesos de creación de la obra “Entre Marte y Júpiter”.

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